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Ceterum censeo politicae ese delendam

Ceterum censeo politicae esse delendam

viernes, 13 de febrero de 2026

ALARMA EN LAS PRESAS DE ESPAÑA: EL ABANDONO PUEDE COSTAR VIDAS

 

España cuenta con 1.300 grandes presas. La mayoría pertenecen a ayuntamientos, diputaciones o empresas privadas, lo que dificulta el control real de su estado. En teoría, siempre hay un propietario que debería velar por su mantenimiento. En la práctica, eso no garantiza absolutamente nada.

Pero la situación es aún más preocupante cuando hablamos de las presas de titularidad estatal.

Existen unas 300 presas estatales clasificadas como de primera clase (Clase A). ¿Qué significa esto?
Que, si colapsan, podrían causar daños graves a la población porque están situadas muy cerca de núcleos urbanos.

Según datos de la propia Dirección General del Agua, la situación de estas infraestructuras es alarmante.

El ingeniero Jesús Contreras ha advertido públicamente en los últimos días —en entrevistas que se han hecho virales en medios de comunicación— sobre el riesgo real que existe. Y los datos que expone son estremecedores:

143 presas tienen problemas para evacuar grandes avenidas de agua por sus aliviaderos.
➝ En episodios de temporales, no podrían cumplir correctamente su función de regulación.

160 presas presentan problemas estructurales porque no cumplen los coeficientes de seguridad con los que fueron diseñadas.

En 170 infraestructuras, los desagües de fondo —clave para regular el nivel del embalse— están inoperativos o averiados en la mitad de los casos.


Las presas no solo almacenan agua o generan energía hidroeléctrica. En temporales, su función es crucial: desembalsar agua de forma controlada para evitar desastres mayores y permitir que el ciclo continúe sin desbordamientos incontrolados.

Si estos mecanismos fallan, el riesgo se multiplica.

El propio ingeniero advierte que, si se rompiera alguna de estas presas, podríamos estar hablando de cientos o incluso miles de víctimas. Y, sin embargo, el debate público es prácticamente inexistente.

El caso paradigmático: la Presa de Forata

La Presa de Forata, en Valencia, se convirtió en una de las más conocidas durante el episodio de la DANA. Resistió. Pero más de un año después de aquella tragedia, no cuenta con un plan de contingencia, pese a que desde 1994 todas las presas están obligadas a tenerlo. Si hubiera colapsado, habría generado una lámina de agua de hasta 7 metros avanzando a 5 metros por segundo. Las consecuencias habrían sido devastadoras.

El dato más grave: no hay planes de emergencia

El 80% de las presas del Estado no tienen implantado un plan de emergencia.

El problema no es solo la falta de mantenimiento. El problema es que, si se rompen, no hay protocolo eficaz de actuación.

Algunos ingenieros se preguntan si no debería existir un órgano similar al Consejo de Seguridad Nuclear que supervise de forma independiente estas infraestructuras críticas. Pero, a día de hoy, no existe un mecanismo equivalente con la misma autoridad y capacidad de intervención.

El abandono cuesta vidas.


Las presas son infraestructuras estratégicas no se trata de alarmismo: se trata de prevención, prque cuando el agua baja sin control, ya es demasiado tarde.

Sigamos, porque lo verdaderamente inquietante no es solo el estado de las presas. Es el guion que probablemente vendrá después.

Cuando se habla de 143 presas con problemas para evacuar grandes avenidas, de 160 con déficits estructurales, de 170 con desagües de fondo inoperativos y de un 80% sin plan de emergencia implantado, lo razonable sería abrir un debate técnico, transparente y urgente.

Pero no.

La salida más cómoda será convertir el problema en relato.

Primero, el clásico viaje en el tiempo:

La culpa será de Franco. De unas infraestructuras construidas hace más de medio siglo. Como si el mantenimiento de los últimos 40 años fuera una categoría metafísica que no computa. Como si la gestión actual fuera meramente ornamental.

El razonamiento implícito sería algo así:
Si una presa construida en los años 60 colapsa en 2026, el responsable es quien la inauguró, no quien la ha gestionado durante décadas.

El hormigón, al parecer, tiene ideología.
Los aliviaderos se deterioran por memoria histórica.
Los coeficientes de seguridad vencen por razones simbólicas.

Pero el segundo paso del guion sería aún más previsible: deslegitimar el dato.

Se dirá que las cifras son exageraciones.
Que hablar de riesgo es alarmismo.
Que advertir de posibles víctimas es irresponsable.

Y no faltará quien catalogue los datos —aunque procedan de organismos oficiales y de ingenieros especializados— como “bulos de la ultraderecha”. Convertir un informe técnico en un enemigo político es una estrategia mucho más sencilla que reparar una infraestructura.

Incluso podría plantearse la necesidad de “regular” o “sancionar” la difusión de estos mensajes para evitar “alarma social”. Porque ya sabemos que en ocasiones el problema no es el riesgo, sino quien lo menciona.

Y si, pese a todo, ocurriera una desgracia, el manual también está escrito:

  • Se hablaría de fenómeno imprevisible.

  • Se invocaría el cambio climático como causa única.

  • Se subrayaría la excepcionalidad del evento.

  • Y, sobre todo, se intentaría diluir la responsabilidad entre comisiones, informes y trámites.

La experiencia reciente con episodios como la DANA demostró que el debate posterior suele centrarse más en el control del relato que en el análisis estructural de los fallos.

Mientras tanto, las presas siguen ahí.
Con sus aliviaderos deficientes.
Con sus planes de emergencia sin implantar.
Con sus coeficientes de seguridad cuestionados.

El problema no es ideológico. Es físico.
El agua no entiende de consignas.
La gravedad no distingue entre izquierdas y derechas.

Y cuando una infraestructura crítica falla, no pregunta quién gobernaba cuando se construyó. Solo cae.

Lo verdaderamente responsable sería actuar antes.
Porque cuando el debate se convierte en propaganda, el riesgo deja de ser teórico.

sábado, 17 de enero de 2026

¿Cuál es el verdadero interés de Donald Trump en Groenlandia?

 

Mucho se está hablando de Groenlandia estos días, tanto que parece inminente que será conquistada por Donald Trump; este tema está sirviendo para rellenar periódicos, podcasts, vídeos, noticias, debates y convidadas en los bares, y todo eso está bien como entretenimiento, pero cuando ves arrogarse argumentos absurdos a la cara y de forma no irónica, casi me da pena tanto por el que los crea como por el que se los cree.

No voy a explayarme del nivel de la prensa que tenemos, ya que seguramente es lo que nos merecemos; y cuando ves que algunos afirman que la OTAN se va a enfrentar junto a la UE a EE. UU. por Groenlandia, o que la armada danesa va a demostrar su autoridad con unas maniobras y plantarle cara a Trump para que pocas horas después anuncie que le pide a EE. UU. que se les una, es ya un nivel lamentable, digno de una prensa europea que nunca ha destacado por ser el lápiz más afilado del estuche y que está llegando a niveles de irrelevancia mundial.
Podríamos valorar lo complejo que sería una adquisición de un país en pleno siglo XXI, y más cuando los groenlandeses no quieren; el problema burocrático que lleva el aceptar un nuevo estado, ya que esto, por mucho que vean a Donald Trump como un tirano medieval, no lo puede hacer y deshacer a su gusto como él quisiera; si la aprobación del Congreso es algo materialmente imposible y ahora mismo no pasa por su mejor momento y, según encuestas, podría perder el Congreso en las elecciones de midterm, lo que complicaría mucho el resto de legislatura e invadir un país no le iba a favorecer mucho. Podría equivocarme, pero esto entra un poco en el sentido común.

Para ir al grano, el verdadero motivo de Trump en Groenlandia no es invadirla, sino obtener jugosos derechos de extracción minera que podrá ofrecerle a la empresa KoBold Metals, que será la encargada de gestionarlos y extraerlos. Una vez introducido, vamos a explicar quién es KoBold Metals.

KoBold Metals es una empresa estadounidense fundada en 2018 que está reinventando cómo se busca y se encuentra minerales críticos usando tecnología avanzada, especialmente inteligencia artificial (IA). En lugar de depender únicamente de los métodos tradicionales de exploración, que suelen ser caros, lentos y poco eficientes, KoBold combina el análisis de enormes cantidades de datos geológicos con algoritmos de IA y la experiencia humana de geocientíficos y expertos tecnológicos para identificar lugares con alta probabilidad de contener metales esenciales.
La compañía se define como un explorador científico de metales para baterías y otros materiales necesarios en tecnologías verdes —como cobre, litio, níquel y cobalto— utilizados en baterías, vehículos eléctricos y energías renovables. Su objetivo es hacer que la exploración sea un proceso más sistemático, repetible y eficaz, aprovechando datos históricos, imágenes satelitales y modelos computacionales que predicen dónde es más probable encontrar minerales valiosos bajo tierra.

KoBold no es una minera tradicional; es una mezcla entre empresa tecnológica y de exploración geológica. Desarrolla herramientas propias basadas en IA, como plataformas de machine learning que analizan datos complejos para guiar decisiones sobre dónde perforar y qué áreas priorizar, reduciendo así riesgos, costes y tiempo.

Además, KoBold está respaldada por inversores muy conocidos del mundo tecnológico y financiero, incluidos fondos ligados a Bill Gates a través de su fondo Breakthrough Energy, Jeff Bezos, Sam Altman, Peter Thiel y grandes firmas de capital riesgo, lo que ha permitido a la empresa expandir sus proyectos por todo el mundo y avanzar hacia descubrimientos importantes, como depósitos de cobre en Zambia.

Lleva años explotando con la la isla en busca de minerales ratos que tanto se necesita para los dispositivos electrónicos

Peter Thiel también ha invertido en Praxis , una startup tecnológica que combina tecnología, comunidad digital y urbanismo futurista para crear una especie de “ciudad-estado” o territorio autónomo enfocado en la innovación. Su objetivo es construir un espacio físico donde las regulaciones sean más flexibles, permitiendo experimentar con tecnologías avanzadas como inteligencia artificial, criptomonedas, biotecnología y energías renovables, mientras se fomenta un ecosistema de startups y talentos globales. Antes de que exista físicamente, la comunidad de Praxis ya funciona de manera digital, con miembros de todo el mundo participando en gobernanza, votaciones y estructuras sociales propias. Y la idea se podrá poner en práctica en Groenlandia
Para rematar tenemos a Energy Transition Minerals, empresa australiana, que a través de una empresa llamada Ballard Partners, que pertenece a uno de los mayores recaudadores y donantes de la campaña de Trump, para que sea su representante en asuntos políticos y haga de lobby para hacer unos derechos que tienen en un yacimiento en Groenlandia para extraer tierras raras uranio y Torio y que tiene problemas medioambientales y que los groenlandeses le han parado la extracción para que no contamine con radiación toda la zona. Trump querrá tener derechos en Groenlandia para poder hacer y deshacer a su gusto y estás empresas serán las ganadoras de todo esto, Acosta de los indígenas y de la destrucción medioambiental, por eso no necesita adueñarse de la isla, que total militarmente se encargan ellos de defenderla a través de su base de Pituffik de 16km2 y con 1000 militares.

Al final todo son intereses económicos y políticos, y mientras nos entretenemos en debatir el sexo de los ángeles, el derecho internacional y temas polarizados, nos acabarán metiendo todo esto sin que la gente se dé cuenta; y todo con la colaboración de la prensa y los gobiernos, que nos venden todo el humo para luego justificar todas sus leyes totalitarias en defensa de la democracia. Pero da lo mismo, ya que para cuando esto ocurra ya te tendrán salivando en el siguiente tema de moda para tenerte entretenido.